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INNOVAR CON PROPÓSITO
Escuchamos con demasiada frecuencia hablar de la innovación refiriéndose exclusivamente a la incorporación de tecnología a los procesos para hacerlos más eficientes.
Según la Real Academia Española de la Lengua, innovar es “mudar o alterar algo, incluyendo novedades”. Afinando un poco más el concepto, podemos decir que el término innovación nos habla del cambio que introduce alguna novedad o varias. Cuando alguien innova aplica nuevas ideas, productos, conceptos, servicios y prácticas a una determinada cuestión, actividad o negocio, con la intención de que sean útiles para el incremento de la productividad.
Pero a eso no puede limitarse la innovación. Además de porque conceptualmente no sería correcto, también porque estaríamos ignorando algo a mi juicio esencial, su enorme poder transformador.
Para la Fundación Cotec, voz indiscutible de la innovación en España, la innovación es “todo cambio basado en conocimiento que genera valor”. Así, innovar sería “convertir ideas y conocimiento en productos, procesos o servicios nuevos o mejorados que el mercado valora, impulsando así el desarrollo económico y social”.
Esta última definición parece que dice lo mismo con otras palabras, pero no. Porque cuando la innovación tiene un propósito, la cosa cambia. Y esa es la innovación que realmente me interesa y de la que les quiero hablar en estas líneas. Porque la innovación con propósito es un concepto muy alineado con la forma en la que concibo mi actividad profesional, que trasciende la mera generación de valor económico y busca crear impacto positivo sostenible en las personas, la sociedad y el planeta.
Se trata, en definitiva, de un ejercicio de coherencia entre lo que defendemos y lo que hacemos. Estoy convencido de que ello genera confianza y compromiso, no sólo en los clientes sino en la ciudadanía o en cualquier aliado que podamos encontrar en el camino. El propósito es un imán para el talento y las alianzas, además de para la inversión.
También el propósito demuestra resiliencia, ya que, al conectar innovación, valores y resultados, se construyen modelos de negocio más sostenibles en el largo plazo, mejor preparados para responder a las crisis o a cualquier cambio estructural. En este caso hablaremos de la sostenibilidad de forma natural, nada impostada, ya que la innovación con propósito es capaz de impulsar soluciones para el reto demográfico, la transición ecológica, la equidad o la cohesión territorial, lo cual contribuye a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Me gustaría resumir los principales elementos diferenciadores de esta forma de entender la innovación, y que parten precisamente de la existencia de un propósito, un para qué o, lo que es lo mismo, el impacto que queremos lograr en el entorno. Comentaba antes, además, que se trata de combinar valor económico, social y ambiental, con un impacto siempre medible. Esta innovación se apoya en la escucha y la co-creación porque está basada en la participación de la comunidad. Las decisiones están alineadas con valores y principios, por lo que la ética y la transparencia definen el terreno de juego. Y, por último, no actúa en un nicho, sino que conecta actores, políticas y recursos de distinta naturaleza.
¿Dónde se puede innovar con propósito?
Prácticamente en cualquier actividad si somos fieles a los principios que mencionamos anteriormente. Pero me gustaría destacar cinco sectores muy concretos donde podemos encontrar ejemplos exitosos:
Innovación social y ciudadana
Innovación rural
Innovación corporativa responsable
Innovación pública
Innovación educativa o cultural
Los laboratorios ciudadanos, como por ejemplo los de Medialab Prado, son espacios donde ciudadanía, sector público y emprendedores co-diseñan soluciones a retos comunes (soledad, movilidad, alimentación local, etc.). Entre las actividades que se realizan están el prototipado de ideas, los “hackatones” sociales o los microproyectos colaborativos, por ejemplo.
Rural Experimenta, del Gobierno de España, o Canarias Experimenta, iniciativa del Gobierno de Canarias, fomentan la revitalización del territorio mediante proyectos que combinan saber local, tecnología y nuevas economías rurales. Las residencias de innovación rural, el acompañamiento al relevo generacional o la activación de recursos agroecológicos son algunos ejemplos de lo que se trabaja en este tipo de proyectos.
Hay empresas de todos los sectores que alinean su modelo de negocio con el impacto positivo, y lo hacen a través de actividades como el rediseño circular de productos, las cadenas de valor sostenibles o las finanzas éticas. Las organizaciones certificadas como empresas B Corp. constituyen un ejemplo reseñable de este tipo de prácticas, y además en distintos sectores.
Distintos países como Dinamarca, Italia o España han promovido iniciativas de esta naturaleza, aunque me gustaría destacar el Laboratorio de Innovación Social de Canarias (Gobierno de Canarias). En todos los casos se buscan nuevas formas de gobernanza, participación y prestación de servicios públicos. Y ello es posible gracias al diseño de políticas participativas, las pruebas piloto con datos abiertos, o la innovación en servicios sociales o sanitarios, por ejemplo.
Ashoka Changemaker Schools o Impact Hub, por ejemplo, promueven modelos educativos y culturales que desarrollan conciencia y agencia transformadora. Lo hacen a través de programas de aprendizaje-servicio, residencias creativas con impacto social o mentoring de proyectos transformadores.
Pero como, por encima de todo, la innovación con propósito no es una actividad, sino una forma de gestionar, cualquier organización, independientemente de su sector, puede integrarla en la estrategia, y trasladarla así a su gestión interna para que no se limite a ser un relato inspirador:
Poniendo el propósito como brújula para la toma de decisiones de todo tipo.
Considerando en su política financiera la inversión de impacto y su retorno social y ambiental.
Trasladando al mercado y a la sociedad un relato sobre lo que se hace y por qué.
Incorporando en sus operaciones criterios de ecodiseño, trazabilidad y circularidad.
Centrando su estrategia en las personas como reflejo de una cultura viva con propósito.
Asumiendo que el cambio y el aprendizaje son permanentes.
Me gustaría, por último, reflexionar acerca de cómo la innovación con propósito puede cambiar la forma de abordar la gestión de personas y el emprendimiento.
Es indudable que cuando una empresa adopta un propósito auténtico, la gestión de personas se convierte en el principal canal para hacerlo realidad. Así, conceptos como la atracción de talento, el desarrollo, la evaluación, la cultura organizativa, el liderazgo o, finalmente, la experiencia del empleado, se enfocan de manera diferente cuando el propósito guía la estrategia:
Atraemos personas que conectan con la misión, la visión y los valores de nuestra empresa.
Las acciones de desarrollo están orientadas al propósito, buscando impacto y bienestar colectivo.
No sólo se evalúa el rendimiento, sino también la contribución al propósito, la innovación y la colaboración.
Se promueven los valores compartidos, la confianza y el sentido de pertenencia.
El liderazgo es inspirador y tiene vocación de servicio.
La experiencia del empleado trasciende lo laboral porque existe un sentimiento generalizado de que el trabajo tiene impacto real.
Así, por ejemplo, una empresa agrícola innovadora puede definir su propósito como “contribuir a la soberanía alimentaria sostenible de Canarias”. Desde ese propósito:
Contrata jóvenes agricultores que compartan esa visión.
Desarrolla formación en agroecología, pero también en participación comunitaria.
Reconoce el impacto social de los equipos, no sólo su productividad.
También en los proyectos emprendedores el propósito puede no ser un simple complemento sino el punto de partida del modelo de negocio:
Porque convierten el propósito en una ventaja competitiva.
Porque no se limitan a no dañar, sino que mejoran realmente el entorno.
Porque miden el impacto desde el inicio.
Porque no compiten de forma aislada, sino que tejen redes para generar comunidad.
En resumen, la innovación con propósito resulta de la intersección entre creatividad, valores y acción transformadora, llevando a las organizaciones a un nuevo paradigma de gestión. Y aquí el éxito se mide no sólo en resultados, sino también en relevancia social, sostenibilidad y legado.
¿Te animas a transitar esta senda?

Temática: Dirección y Emprendeduría.
Autor: José Joaquín Bethencourt
Consultor en gestión de personas e innovación con una trayectoria de más de treinta años en posiciones ejecutivas y directivas de los sectores público y privado. Licenciado en Farmacia con Másters en Dirección de Empresas, Dirección de Proyectos y Dirección de Recursos Humanos.
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